a LA GUERRA DE LAS ESTRELLAS
UN MITO, DOS EPOPEYAS
Veinte años después de su primera aparición, una copia renovada y mejorada de la célebre Guerra de las Estrellas volvía a llenar las salas de los cines del mundo entero. Numerosos detalles del film nos remiten a una narración de la antigua India: el Bhagavad Gita. Más allá de las formas y de los contextos tan diferentes, podemos encontrar estructuras comunes, arquetipos poderosos de los principios inherentes a la naturaleza humana, que no pertenecen a ninguna civilización en particular.
DOS CLANES DE UNA MISMA FAMILIA SE ENFRENTAN
“No combatiré contra mi padre…”. Esta frase resuena en los libros de Luke Skywalker, el héroe de la Guerra de las Estrellas, después de haber descubierto que Darth Vader, general de las fuerzas enemigas de la República, no es sino su propio padre. El combate de Luke contra las fuerzas oscuras lo llevó a un campo de batalla que extrañamente se asemejaba al Kurushetra, el campo de batalla del Bhagavad Gita: en el primer capítulo de ese poema, dos clanes de una misma familia están dispuestos a enfrentarse, Kuravas y Pandavas. El meollo de la batalla es la ciudad-reino de Hastinapura, entonces gobernada por los Kuravas. Los Pandavas, cuyas fuerzas son lideradas por Arjuna, luchan por el retorno de la justicia de Hastinapura. Cuanto este último se da cuenta de que delante de él se encuentran sus hermanos, tíos y padres, suelta el arco y se niega a combatir.
Tenemos entonces, dos situaciones paralelas y una misma pregunta a la cual será dada la misma respuesta. En el Bhagavad Gita, Krishna explica a Arjuna que ese combate corresponde a su drama. En la Guerra de las Estrellas, Skywalker debe enfrentarse a su padre para convertirse en un caballero Jedi y se oirá decir: “Es tu destino”, como si no tuviese otra vía que la del combate contra la amenaza que pesa sobre la Galaxia. En el caso de Arjuna como en el de Luke, el enfrentamiento con la familia sucede apenas al final de una gran peripecia, después de uno y otro haber recibido las enseñanzas de un maestro y de haber comprendido y aceptado el sentido de su misión.
Por otro lado, esas dos situaciones pueden una y otra ser comprendidas como la metáfora del combate que cada cual decide o no llevar a cabo en el interior de si mismo. El arquetipo del combate interior no tiene edad ni religión. Hace relación a la conciencia y por eso es tan fascinante: consciente o inconsciente, si asumimos ese combate en nosotros mismos, avanzamos en dirección a nuestros objetivos y a nuestra realización, la corriente de las batallas en la vida cotidiana, de las elecciones que hacemos y de las preguntas que nos colocamos.
Tal vez por esta razón el combate de Luke contra su padre “habla” a todos esos públicos, esas culturas y esas generaciones diferentes: es el símbolo de una realización, de aquello a que cada uno de nosotros aspira por su naturaleza humana. Nos hace vibrar en el transcurso de una película, porque despierta en nosotros una profunda aspiración: ir al límite de nosotros mismos y de nuestro destino.
Maestro Jedi Yoda y Luke
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