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martes, 9 de febrero de 2010

CRISTO


POR: Trigueirinho
En griego, el término significa ungido: desde el punto de vista de la evolución cósmica, se refiere a la consciencia que expresa la esencia de las leyes universales. La vida crística es la aplicación y la vivencia correctas de esas leyes. En la actual civilización, ese nombre tomó connotaciones sectarias e ideológicas distantes de su acepción genuina. Cristo es el nombre dado también a una Entidad de alta evolución que, por intermedio de Jesús, expresó la energía del Segundo Rayo Cósmico en la faz de la Tierra. Pero, con mayor frecuencia, representa la realización divina que, un día, la humanidad entera alcanzará. Como Avatar, se reveló por intermedio de diversos instructores que, en el transcurso de las épocas, vinieron al plano físico para conducir al hombre por la senda espiritual. Cristo es energía cósmica de unificación, y no un individuo, está en todos y se expresa con libertad en quienes prenuncian etapas futuras de perfeccionamiento del género humano. Es la síntesis de la vibración del centro del sistema solar, el sol espiritual, vibración que por sus características de atracción ayuda a conducir el universo creado al Origen. Todos los que personifican esta energía inmaterial y sublime pueden ser denominados crísticos. La expresión auténtica de la energía crística, el amor-sabiduría, en los niveles concretos del planeta, significa un avance del cosmos entero. No obstante, innumerables aspectos suyos aún son desconocidos para la humanidad de la superficie de la Tierra, esto se debe, en parte, a que pocos individuos se relacionan con dicha energía de manera impersonal. En este sistema solar, la energía crística sintetiza a las demás, está presente en todo su ámbito y es la vía de la realización de los seres, sin embargo, tiene que ser despertada, dinamizada e irradiada. Cuanto más el ser humano se aproxima al propio núcleo interno, más penetra en esa energía y más es utilizado por ella como canal de expresión. La energía crística no es, por lo tanto, exclusividad de sectas o religiones y tampoco puede ser explicada. Para conocerla, el hombre debe recorrer la senda de la entrega al yo supremo y dejarse impregnar por su esencia de amor. Esa energía es la que consuma la verdadera transformación de la consciencia – todo lo que el individuo debe hacer es no colocar obstáculos a su actuación y, por el contrario, facilitarla, cultivando el despojamiento y el desapego, pues ella trabaja para liberarlo de las ilusiones del mundo formal: es el camino, la verdad y la vida. La energía crística lo ayuda a trascender el ego y lo lleva a estados más amplios. El espíritu crístico es síntesis: es la cualidad de la consciencia de la Jerarquía planetaria y la nota que la sintoniza con el propósito solar. Como consecuencia de la manifestación de esa energía de un modo bastante avanzado y perfeccionado, a través de un ser encarnado hace dos mil años, la estructura planetaria se modificó fundamentalmente. Las posibilidades de contactos internos, la evolución del alma y el despertar monádico aumentaron en la Raza humana de la superficie terrestre después de esta irradiación en los planos concretos. Y, si entendemos la cura como la implantación en la forma, de la vibración correspondiente a la idea que le dio origen (sea esa forma los cuerpos de un hombre, una célula o un átomo material), la energía crística puede ser considerada curativa, pues es mediadora entre el patrón arquetípico y el mundo exterior. Cuando Cristo se manifestó en Jesús, no sólo lo hizo en aquel ser, sino también con gran potencia, aunque en menor grado, en los Apóstoles. Estos llegaron a curar y a expurgar fuerzas involutivas del aura de algunos individuos, incluso mientras Jesús estaba encarnado. La energía crística determina la tonalidad de la vibración de este sistema solar y de todos los cuerpos que forman parte de él, pero sin limitarse a ese ámbito. El hecho de que esta galaxia esté cualificada por el Segundo Rayo Cósmico es una de las razones por las que pudo albergar una coyuntura planetaria desequilibrada como la Tierra. Dos consciencias distintas prestaron servicio por medio de los cuerpos de Jesús: su propio ser, eslabón entre la humanidad y la Jerarquía planetaria, y la Entidad-Cristo, eslabón entre la Jerarquía planetaria y la solar. Debido a esta interacción se amplió la posibilidad de que algunas consciencias actuasen directamente en los planos materiales sin pasar por el nacimiento físico, utilizando para ello los vehículos de un ser encarnado. En estos casos, tampoco se requiere la transmutación monádica: la consciencia sólo se expresa durante el periodo necesario para el trabajo evolutivo que le corresponde en los planos materiales. Sin embargo, este proceso no se asemeja en nada al de la incorporación de seres humanos terrestres desencarnados en personas sensitivas, la sublime interacción de Cristo y Jesús contiene las claves de la unión del hombre con la esencia de la vida, que él denominó Padre, y constituye un referente para su actual realización. Esta interacción no fue develada totalmente, excepto a ciertos Iniciados, en los planos internos. No obstante, ahora, con los impulsos que trae la transición planetaria y con la consumación de la fase comenzada hace más de veinte siglos, caen muchos velos y puede concentrase la aproximación de la humanidad a la Jerarquía, de una manera inédita en la historia de la Tierra. La encarnación de Cristo en los cuerpos de Jesús fue propiciada no sólo por una coyuntura planetaria y solar, sino también cósmica: en los niveles internos, se alinearon Sirius, el Sol, Venus y la Tierra. El comienzo de una nueva fase se hizo realidad en el planeta. Cristo representaba la ligación del Sol y de la Fraternidad de Sirius con la Tierra y Jesús la ligazón de la Tierra con el Sol, por intermedio de Venus; en la unificación de la consciencia de Cristo y Jesús, y en el servicio que ellos prestaron al impregnar la materia terrestre, se consolida el circuito energético Tierra-Venus-Sol-Sirius. Las energías que fluyeron en esa coyuntura especial estaban imbuidas de las emanaciones cósmicas de Sirius. Grande fue la potencia de esa manifestación crística preparada durante eras por las Jerarquías y por manifestaciones anteriores de menor voltaje. Según Rudolf Steiner (1861-1925), Vishva Karman era el nombre de Cristo para los antiguos Rishis de la India y Ahura Mazdao era el nombre de Cristo para Zoroastro.