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jueves, 29 de abril de 2010

ANIMALES DE PODER


Cada especie detenta un poder, un conocimiento y unas habilidades propias. El hombre de las culturas tradicionales y el chamán lo saben. No sólo somos parientes biológicos, sino también hermanos espirituales y hubo un tiempo en que sabíamos hablar con ellos. Nuestra civilización moderna les ha negado el alma y obstinada en considerarlos como máquinas vivientes ha olvidado el lenguaje que teníamos en común: el idioma de la Creación.
"A los cinco años de mi vida mi abuelo me hizo un arco y algunas flechas. La hierba era reciente y yo montaba a caballo. Una tormenta se avecinaba desde donde se pone el Sol y cuando trotaba por el bosque, a lo largo de un arroyo, vi un muscícapa posado en una rama. No fue un sueño; ocurrió así. Iba a disparar contra él con el arco que me había hecho mi abuelo, pero el pájaro se me anticipó y habló:

-- Las nubes que cubren lo alto tienen un solo lado -me dijo. Quizá aquello significaba que todas las nubes me miraban. Y agregó: ¡Atiende! ¡Una voz te llama!
Miré a las nubes, y aparecieron en ellas dos hombres cabeza abajo, como las saetas que caen; mientras se aproximaban interpretaban una canción sagrada y el trueno era como el redoble del tambor. Cuando estuvieron muy cerca de mí, se desviaron hacia el lugar en que el Sol se pone y se convirtieron de pronto en gansos. Desaparecieron. Y entonces la lluvia se abatió, acompañada de un ventarrón bramador".
Esta fue la primera visión de Alce Negro, un heyoka, es decir, un hombre sagrado sioux. Los animales le hablan porque él está destinado a ser un profeta entre su gente. Para Alce Negro los animales no son sólo un recurso de caza o un bien natural. Son seres espirituales de gran poder, hermanos de pueblos diferentes, pero capaces de otorgar al ser humano sus propias habilidades y conocimientos.


EL ESPÍRITU DE LOS ANIMALES

La comunicación se hace con el "poder" o espíritu del animal, denominado sicun en la lengua de los sioux. El protector del famoso jefe Toro Sentado era el águila, su animal de poder. Este caudillo se había salvado de una forma milagrosa en numerosas situaciones de peligro. Se le atribuía la capacidad de comprender la "voz de los animales" y los pájaros le hablaban, previniéndole de las acechanzas. Precisamente fue una alondra la que predijo a Toro Sentado que perdería la vida a manos de sus propios hermanos. Su padre, a su vez, había sido un poderoso guerrero-brujo que encontró a un bisonte que hablaba y que le dijo el nombre que debía ponerle a su hijo.

Esta relación mágica con el resto de las criaturas no es exclusiva del chamán. Cada ser humano posee un animal protector que forma parte de su alma y cuya pérdida convierte al hombre en un ser vulnerable. Pese a que en Occidente ya no tenemos esta visión trascendente en la que toda forma de vida posee un espíritu inteligente con el que es posible la comunicación, algunas veces el hombre ha sabido encontrar la forma de entablar relaciones de "tú a tú" con sus compañeros de viaje: los animales.
Los mitos de todas las culturas hablan de un tiempo original, de una Edad de Oro durante la cual todas las especies carecían de forma y se entendían entre sí. Más tarde cada uno tomó su forma en el mundo visible. El hombre y los animales están relacionados, por tanto, no sólo desde el punto de vista genético, sino también del metafísico. ¿No nos dice la ciencia moderna que todos pertenecemos al mismo reino y que provenimos de la misma matriz ancestral?
Ahora bien, si en la realidad cotidiana y sensorial los hombres han perdido su capacidad de comunicarse con los animales, en determinados estados de consciencia, según la cosmovisión chamánica, es posible hablar con ellos. Por eso, en todas las mitologías los animales son protagonistas de la historia de la Creación; el cuervo es un demiurgo, el coyote un astuto trapacero y un bromista pesado, el águila el primer chamán y el mensajero del cielo, etc.
No se trata de un coyote, un cuervo o un águila concretos, sino del arquetipo de la especie, detentador de sus conocimientos. Este arquetipo del animal representa el ámbito trascendente que atesora toda la experiencia de los individuos. La clave reside en la existencia de dos mundos, dos formas de percepción: la que corresponde al mundo visible y la que atañe a los modos de la realidad invisible, accesible en los estados alterados de consciencia.
El conocimiento de ambas modalidades ha pervivido aún hasta hoy en el sistema llamado "nagualismo" de los pueblos mayas, tanto en México como en Guatemala. El universo físico es el mundo del tonal, el mundo de la diversidad. La palabra tonal en nahua significa "día, calor o alma", el tonal de cada persona es su parte racional y sensorial, la que actúa durante la vigilia. Cada individuo tiene un tonal cuyas propiedades son las de un animal. Los tonalcecutin son los "señores o dueños de los días". Cada uno de ellos está asociado a un animal, de modo que el ser humano que nace ese día tendrá un tonal con la forma animal correspondiente que caracteriza su personalidad y su manera de aprehender el mundo. Los zapotecas mexicanos, cuando una mujer iba a tener un hijo, dibujaban figuras de animales en el suelo y las borraban cuando estaban terminadas. En el momento en que la mujer daba a luz, el animal que estaba siendo dibujado en ese momento se consideraba el tonal del recién nacido.
Rodeando e interpretando al tonal está el universo del nagual, el mundo de la unidad y de los arquetipos, donde todo es posible y existe en potencia. Cada ser humano tiene su propio nagual, un alter ego de forma animal. Los brujos y hechiceros, lo conocen y obtienen de ahí su poder. Este saber les permite acceder a esa realidad donde todo es posible.
Así narraba Ciervo Cojo uno de sus encuentros con su alter ego: "De repente oí girar a un gran pájaro y acto seguido me golpeó en la espalda y me tocó con sus alas extendidas. Oí el grito de un águila, fuerte, por encima de las voces de otros muchos pájaros. Parecía decir: Te hemos estado esperando. Tu senda comienza aquí... Siempre llevarás contigo un espíritu, tu otro yo". Estos son el tonal y el nahual de los que hablaba el indio yaqui Juan Matus al antropólogo Carlos Castaneda. El hombre de conocimiento tiene el poder de invocar al nagi, el doble o sombra de todo lo que existe en el mundo visible.
Cada ser humano posee por tanto su propio espíritu guardián, al que los indios americanos, como los salish de la costa o los okanogon del estado de Washington, llaman "el animal de poder". La persona que es capaz de retenerlo y emplear su fuerza posee el conocimiento, no de un animal en concreto, sino de toda la especie. Este animal se aparece en las visiones, a menudo en su forma zoomórfica, pero también puede hacerlo tomando el aspecto de un hombre. De hecho, es llamado "el Indio" entre los salish.
A los cocopas del río Colorado los animales se les presentan, en sus sueños, con sus formas humanas. Y es que una de las capacidades innatas del nagual es la transformación. Al fin y al cabo, el tonal es sólo un mundo de apariencias, de ilusiones consensuadas. Cabe preguntarse si el mismo sistema no está presente entre los antiguos egipcios, para quienes los naguales serían la contraparte animal de los diferentes dioses que combinan esta forma con la humana. El habla es además una de las características que los animales, en el mundo del nagual, comparten con la especie humana.


EL IDIOMA DE LOS PÁJAROS

Uno de los poderes característicos del chamán, como ya hemos dicho, es la capacidad de comunicarse con los animales. Carlos Castaneda tuvo una experiencia de este tipo con un coyote: "Jamás me había visto tan cerca de un coyote salvaje y lo único que se me ocurrió entonces fue hablarle... Entonces me pareció que el coyote me respondía. Tuve una absoluta certeza de que había dicho algo... transmitía un pensamiento y esa comunicación se producía a través de algo muy similar a una frase". Cuando un animal nos habla en una visión o en un sueño es una señal inequívoca, según los jíbaros, de que es nuestro animal de poder.

El chamán debe aprender, ya sea de un maestro, ya de los propios espíritus animales, el idioma secreto de la Creación, la "lengua de los espíritus". Los esquimales conocen ambas formas de aprendizaje. Con frecuencia, la facultad de hablar este idioma se adquiere tras comer carne de serpiente o de algún otro animal de poder. Este lenguaje secreto, muy complejo y elaborado, existe entre los lapones, los ostiacos, los chukchis, los yakutes, los tunguses y otros muchos pueblos. Así, el chamán de los pigmeos semang, el hala, habla con los espíritus celestes, los chenoï, en su propia lengua. Esta lengua no es sino el "idioma de los animales". Los indios pomo y los menomini imitan y aprenden los cantos de los pájaros. No es de extrañar entonces que en las sesiones chamánicas de los yakutes o de los goldes, tremendos gritos de pájaros y animales diversos salgan de la tienda anunciando la llegada de los espíritus. Así lo describe un investigador, Thurn, durante sus estudios entre los indios de Guayana: "El silencio es repentinamente roto por una explosión de gritos raros, pero terribles: son mugidos y aullidos que llenan la cabaña y hacen vibrar los muros".
Esta capacidad de hablar le indica al asombrado testigo que está ante un animal de poder; otras señales son un comportamiento extraño o la visión del mismo en un medio que no es el suyo, como las serpientes que vuelan. Como alter ego del chamán, el animal de poder le otorga la capacidad de transformarse. En Escandinavia, los brujos lapones tienen fama de convertirse a voluntad en osos o renos. Los esquimales tienden a adoptar figuras de lobos.
El águila-halcón es una de las metamorfosis preferidas de los arunta australianos. La transformación se experimenta de forma vívida y nada ambigua. Los chamanes sienten que sus brazos se convierten en alas de las que brotan plumas. Famosos entre los yuki son los "doctores oso", quienes a menudo buscan su compañía, comen lo mismo que los plantígrados e incluso habitan con ellos.
A menudo la transformación se lleva a cabo en el mundo del nagual. Dos son las técnicas básicas para conseguirla: el uso de potentes alucinógenos por un lado y la danza por otro. Ambas técnicas están a disposición de quienes desean consultar a su animal de poder, aunque no sean chamanes. No se pretende imitar al animal, sino identificarse con él. Tal es el origen de danzas tribales como las que exhiben los indios navajos o los salish. A menudo se emplean máscaras, pieles, plumas o partes del animal correspondiente. Los chamanes tsimshian, por ejemplo, emplean máscaras de águila y se adosan a las manos garras de cobre.
Es frecuente que quienes sueñan con el mismo animal de poder se unan en cultos propios. Entre los sioux, los más extraños son los de los "soñadores de gamos de cola negra". Existen asimismo cultos de "soñadores de alces", uno de cuyos poderes es el de seducir mujeres. Los "soñadores de lobos" portan pieles de esta especie y son especialistas en arrancar flechas. Los de osos llevan zarpas que clavan en los enfermos para curarlos, pues una de sus mayores habilidades es la sanación. Los "soñadores de caballos" eran "hijos de la tormenta" y obtenían el poder de ésta para el combate.
El animal de poder puede ser empleado por el chamán para consultarle cosas de importancia, conocer lo que ocurre en un lugar lejano o incluso adivinar el futuro. Muchos investigadores han sido testigos atónitos de experiencias psíquicas tras éxtasis chamánicos en los cuales los participantes se transformaban en animales. El famoso antropólogo Kensinger, que convivió con los indios cashinahua de Perú, lo confirma: "Varios informadores que nunca han estado ni han visto fotos de Pucalpa, la gran ciudad que hay al final de la Autopista central, junto al río Ucayali, han descrito sus visitas bajo la influencia de la ayahuasca (potente alucinógeno que los indígenas utilizan para acceder a la experiencia visionaria) con tal detalle que yo he podido reconocer determinadas visitas y tiendas.
Pero el animal de poder no sólo infunde fortaleza física y mental; también aporta alerta y autoconfianza. Las técnicas que involucran a estos animales han resultado terapias capaces de restablecer el equilibrio de cuerpo y mente. Recuperar la antigua relación sagrada entre el hombre y su entorno natural parece una necesidad para el hombre moderno. Imbuidos en el mundo del tonal, de lo racional y de lo que se percibe con los sentidos, hemos olvidado a nuestros compañeros de viaje. Los animales detentan un conocimiento que puede abrirnos a la percepción de una realidad más amplia que sobrepasa y contiene a la que vivimos y experimentamos a través de nuestros sentidos. El mundo del nagual, el mundo informe del espíritu donde todo es posible, está a nuestra disposición. Y los guías están ahí; nos contemplan todos los días desde las ramas de los árboles o desde el suelo. Nos gruñen, cantan, rugen; es decir, nos hablan, pero nosotros hemos olvidado el lenguaje de la Creación.

Francisco Javier Arries

martes, 20 de abril de 2010

LA ENERGIA DE LOS APOLO


Durante treinta años la NASA ha mantenido un secreto cuya divulgación habría revolucionado la explotación energética, la automoción y la aviación. De haberlo hecho público, la emisión de CO2, uno de los mayores causantes del calentamiento del Planeta, hoy sería insignificante.

Desde que Sir Isaac Newton, en 1666, formuló la Ley de la Gravitación Universal, se asumió que la gravedad de la Luna era aproximadamente de un sexto, un 16,66% de la terrestre, por lo que allí, cualquier objeto sería seis veces más ligero. La atracción gravitatoria entre dos masas, en este caso planeta y satélite, define una llamada "zona neutra", en la que sus respectivos campos gravitatorios se compensan, y en teoría, un objeto allí abandonado, no caería hacia ninguno de estos cuerpos celestes. La distancia media entre la Tierra y la Luna es de 384.000 kilómetros, y de acuerdo a las fórmulas de Newton, esta zona neutra se hallaría aproximadamente a 1/9 de distancia, aproximadamente a 38.400 kilómetros del centro de la Luna, cuya influencia gravitatoria es mucho más reducida. El conocimiento exacto de la ubicación de la zona neutra es fundamental para los cálculos que marcan el rumbo de los cohetes, su velocidad, su pérdida de masa en combustible, etc.

En 1982, el ingeniero nuclear y profesor de Oregon State University, William L. Brian II, publicó un libro, ahora imposible de encontrar, titulado Moongate: Suppressed Findings of De U.S Space Progran. (The NASA-Military Cover-Up)- "Moongate: Descubrimientos suprimidos del programa espacial de EE.UU. (La Tapadera de la NASA-Militares)"- aludiendo al escándalo Watergate que costó la presidencia a Nixon. Recogemos algunos datos de este libro.

Werner von Braun, máximo responsable del programa espacial de la NASA, en la edición de 1969 de su History of Rocketry & Space Travel -"Historia de la cohetería y viajes espaciales"-, tuvo un desliz. Se le escapó afirmar que la zona neutra entre la Tierra y la Luna se halla a 69.983 kilómetros del centro de esta última, (en lugar de los 38.000 kilómetros estimados desde Newton, hasta los años 1950). Otras publicaciones basadas en información de la NASA, la sitúan entre 62.000 y 70.000 kilómetros. La densidad media, la masa y la gravedad de la Luna serían superiores a lo estimado.

Brian analiza los movimientos de los astronautas en el suelo lunar, que de acuerdo a los datos proporcionados por la NASA, con una escafandra espacial de 82 kg de peso, sumados a otros tantos del astronautas, resultarían 27 kg si la gravedad de la Luna fuera de 1/6 de la terrestre. Pero no parece así: movimientos dificultosos, caídas tontas, dificultad en levantarse sin ayuda, fatiga inexplicable con consumo alarmante de oxígeno, ridículos saltos menores de medio metro... La conclusión de Brian es que el peso auténtico del traje espacial y la mochila es de 34 kg, lo que sumado a los del astronauta serían 116 kg, que en la gravedad del 64% estimada por él en la Luna, representarían 74 kg, lo cual explicaría todo lo anterior.

A partir de esto. Brian ha hecho unos cálculos que le han dado una gravitación lunar del 64% de la terrestre, lo que es discutible, pero al analizar el comportamiento de los astronautas sobre el suelo lunar, parece que responde a la gravitación por él estimada. Ello condiciona todo el programa de exploración de la Luna.

Cohetes insuficientes

Si la atracción gravitatoria en la superficie de la Luna es un 64% de la terrestre, el LM, módulo lunar, tanto para frenar su caída y hacer un alunizaje suave, como para el posterior despegue de la cápsula adosada, requeriría unas características semejantes a las de un Titán II, de unos 30 metros de largo y 150.000 kg de peso. El módulo lunar, según la NASA, pesa sólo 15.000 kg. Con estas medidas y peso, es imposible que pueda llevar el combustible necesario para las maniobras de alunizaje y despegue en una gravedad del 64% de la terrestre. Sin embargo sí parece claro que lo que se posaba en la Luna era el LM, módulo lunar, esa especie de insecto monstruoso que nos ha mostrado repetidas veces la NASA, y que ahora se halla en el Smithsonian Museum. Evidentemente no era un artefacto mucho mayor, como el referido Titán II. Por este motivo, Brian deduce que además de cohetes, el módulo lunar llevaba un sistema antigravitatorio que reducía su peso quizás a un 20% del total, los 15.000 kg se quedaban en 3.000 kg o menos, y los cohetes ya eran operativos.


La antigravitación

En 1927 los investigadores polacos Kowsky y Frost, al aplicar un potente campo electrostático intermitente a una pastilla de cuarzo de sólo 5 X 2 X 1,5 mm, cruzado con un campo electromagnético de altísima frecuencia, observaron un hecho inverosímil: el cristalito se enturbió, se hinchó incrementando su volumen 800 veces, volviéndose poroso como el PE expandido, llamado corcho blanco, y se elevó. En posteriores pruebas levantaba un peso de 25 kg. El experto en gravitación J. G. Gallimore asegura que en 1980, reprodujo el experimento con éxito. Pero ya antes, John W. Keely, a finales del siglo pasado, descubrió sistemas antigravitatorios que hacían levitar objetos pesados por medio de combinaciones de sonidos que producían resonancias armónicas, pero son prácticamente irreproducibles.

En 1930 Viktor Schauberger estaba probando su "motor de implosión", una turbina en circuito cerrado de agua que describía un movimiento espiral muy sofisticado, cuando ésta empezó a rodearse de una luminosidad azulada, con una carga estática de miles de voltios. Para sorpresa y susto de los presentes, arrancó los anclajes del suelo y se elevó, estrellándose contra el techo. El artefacto pesaba más de cien kg. Cuando, durante la II Guerra Mundial, Schauberger fue obligado a trabajas para los alemanes, diseñó dos prototipos de platillo volante: A y B, de unos 65 cm de diámetro, construidos por la compañía Kertl de Viena y montados en Schloss Schönbrunn. Llevaban un circuito cerrado de una mezcla de agua y aire, movido por un pequeño motor eléctrico proporcionado por la Luftwaffe que alcanzaba 20.000 rpm. Al poner en marcha el modelo A, sin autorización de Schauberger, se rompieron los anclajes y con gran disgusto suyo, se estrelló contra el techo del hangar y se destrozó. Schauberger, basándose en la resistencia de los tornillos, estimó la fuerza ascensorial equivalente a 228 toneladas. Poco antes de su muerte, en 1958, fue forzado a ceder sus secretos al consorcio americano Donner-Gerchsheimer. Donner, era un magnate del metal. Gerchsheimer, un prestigioso ingeniero nacido en Baviera y nacionalizado estadounidense antes de iniciarse la II Guerra Mundial. Durante la ocupación aliada de Alemania, fue la autoridad civil de más alto rango en la zona americana, con considerable influencia política. Estaba interesadísimo en los descubrimientos de Schauberger y además era amigo de Werner von Braun...

En 1921, el profesor francés Marcel Pagés, reproduciendo un experimento de Faraday, hacía levitar un disco de mica de unos 25 cm de diámetro, cargado con un altísimo potencial eléctrico. Antonio Ribera presenció en 1967 una demostración que le impresionó profundamente. Parece que la General Electric americana, uno de los fabricantes más importantes de turborreactores, le subvencionada para que no divulgase sus secretos. Los servicios secretos franceses y el Deuxième Bureau le protegían discretamente para evitar su rapto por el Bloque del Este. Según Pagés, la General Electric había construido en secreto un prototipo mucho mayor.

En 1952 el británico John Searl, al probar una máquina discoidal generadora de energía libre, de un metro de diámetro y alimentada por un pequeño motor que hacía girar una serie de imanes periféricos, logró que alcanzara un potencial de 100.000 voltios. Empezó a girar por sí mismo a gran velocidad, se elevó rompiendo los cables que lo alimentaban y se quedó levitando inmóvil mientras se rodeaba de un halo luminoso rosado. Cuando adquirió mayor velocidad, se escapó hacia el espacio y nunca se pudo recuperar el dispositivo. Posteriormente repitió pruebas con otros modelos mayores que pudo controlar y la BBC produjo un reportaje incluyendo demostraciones de vuelo.

Podríamos citar otros inventores como el escocés Sandy Kidd, con sus giróscopos levitadores, o el americano Floyd Sweet, con su VTA, Vacuum Triode Amplifier, un generador de energía libre formado por un bloque rectangular de ferrita de bario, de 3 kg de peso, envuelto en tres devanados perpendiculares entre sí, que en una prueba presenciada por el físico Tom Bearden, al aplicarle una corriente de 1 miliamperio a 9 voltios, o sea, 9 miliwatios, aparte de proporcionar 5 kilowatios perdió el 90% de su peso y, además, enfrió el ambiente. Otros generadores de energía libre también han mostrado el mismo fenómeno, aunque de manera menos pronunciada. Desgraciadamente son experimentos poco reproducibles, con abundantes fallos.

Quizás el inventor de antigravedad más conocido es Thomas Townsend Brown, descubridor con Biefeld del llamado efecto Biefeld-Brown, por el que un condensador cargado genera un empuje por el lado negativo. Entre 1926 y 1960 construyó una serie de aparatos discoidales. Uno de 60 cm, en vuelo circular, como los aeromodelos, alcanzaba una velocidad de 18 km/h con un consumo de 50 W. En la sociedad SNCASO constructora del Caravelle y del Concorde, se hicieron pruebas en vacío, alcanzando una velocidad tan alta que había que interrumpir el vuelo. Aunque todos los procedimientos que hemos apuntado son tecnológicamente distintos, al final coinciden en el efecto antigravitatorio de una sustancia dieléctrica o aislante con una carga eléctrica de kilovoltios, lo que Brown aplicaba directamente.
Una de las autoridades mundiales más prestigiosas en antigravedad, es el japonés Dr. Shinichi Seike, director del Gravity Research Laboratory, en Uwajima City, Werner von Braun tenía amistad con él y hacía frecuentes viajes al Japón para cambiar impresiones.


El gran secreto

Con estos precedentes, ya en 1960, e incluso antes, la NASA tenía una perfecta información de estos procedimientos y otros públicamente desprestigiados y ridiculizados, cuya exclusiva guardaría celosamente. Es lógico que con tal abundancia de posibilidades en sistemas antigravitatorios interesase estudiarlos, desarrollarlos y verificarlos. Como prueba de ello, la NASA ha publicado una serie de documentos sobre experiencias de levitación electrostática, suponemos subproductos inocuos de serios ensayos. Imaginamos a Gerchsheimer, entusiasta de Schauberger y propietario de sus descubrimientos, machacando en alemán a Von Braun. A la NASA no le era difícil conseguir un sistema antigravitatorio ligero y disimulado, que sin necesidad de una escandalosa levitación, aligerase el 80% del peso del módulo lunar. En la Luna no había testigos terrestres y nadie iba a enterarse. Todos creerían que las maniobras de alunizaje y despegue se debían exclusivamente a cohetes. Sin embargo, en Tierra debían seguir con los monstruosos cohetes de 3.000 toneladas. Si usaban estos ridiculizados hallazgos antigravitatorios, todo el mundo se enteraría y nuevos inventores se movilizarían para reproducirlos y mejorarlos.

Los soviéticos carecerían de la información que permite desarrollar tecnologías antigravitatorias y, aunque estaban más avanzados en las primeras fases del viaje lunar, les faltaba el final, el alunizaje y posterior despegue. De aquí su fracaso en esta parte del programa espacial, la conquista de la Luna. También es posible que tuvieran esta información, pero no la desarrollaron, cegados por el dirigismo político nacionalista-leninista, adorador del bolchevique Tsiolkowsky, que en tiempos del Zar, fue el primer inventor, calculador y profeta de los grandes cohetes de etapas para ir a la Luna.

Es probable que en la actualidad estos procedimientos antigravitatorios y otros que estén estudiando y perfeccionando en un sector de la llamada Área 51, cuyo nombre oficial es, irónicamente, el poético Dreamland - "País de los Sueños"-. En este territorio prohibidísimo del Estado de Nevada, con unas enormes instalaciones subterráneas, se están ensayando toda clase de prototipos secretos, entre ellos platillos volantes "Made in USA", y allí se tendrán guardados hasta que los mandamases de la política mundial decidan manifestarse al respecto. Hay fundados rumores, y físicos como Paul LaViolette y Elizabeth Rauscher están convencidos de que el bombardero invisible B-2 Stealth, sin ser un platillo, cuenta con un sistema de propulsión auxiliar basado en el efecto antigravitatorio Biefeld-Brown, que sólo activa a gran altura.

También tenemos que tener presente, que según los documentos salidos a la luz del MJ-12, en el pacto inicial con los EBEs, Estados Unidos pedía información para desarrollar un sistema antigravitatorio. De nuevo, todo es oscuro, pero siempre hay un destello para quien se atreve y quiere ver

domingo, 18 de abril de 2010

LA RELIGION Y EL CEREBRO...


Newsweek

El Dr. James Austin, un neurólogo, cree que para sentir que el tiempo, miedo y auto-conciencia se han disuelto y realmente tener una experiencia mística y espiritual, ciertos circuitos cerebrales deben ser interrumpidos. ¿Cuáles? La actividad en la amígdala, que monitorea al ambiente y registra el miedo, debe ser reprimida. Los circuitos del lóbulo parietal, que nos orientan en el espacio y marcan la clara distinción entre lo propio y el mundo, deben ser silentes. Los circuitos frontales y temporales, que marcan el tiempo y generan autoconciencia, deben apagarse. Cuando esto ocurre, Austin concluye en un trabajo reciente, “lo que consideramos como nuestras funciones superiores de autoconciencia parecen disolverse o delesionarse de la conciencia”. Cuando desarrolló sus teorías en 1998, el libro “El Zen y el Cerebro”fue publicado por MIT Press.

Desde entonces, más y más científicos se han dedicado a la “neuroteología”, el estudio de la neurobiología de la religión y la espiritualidad. El año pasado la Asociación Norteamericana de Psicología publicó “Variedades de la Experiencia Anómala”, que cubría enigmas desde experiencias al borde de la muerte hasta experiencias místicas.
En mayo, se publicó el libro “La Religión en la Mente” que abarca el tema de como las experiencias religiosas actúan sobre los lóbulos frontales para inspirar optimismo y hasta creatividad. Y en el libro “Porque Dios no se va”, publicado por el Dr. Andrew Newberg de la Universidad de Pennsylvania y su colaborador Eugene d’Aquili, utilizan imágenes cerebrales que obtuvieron de Budistas Tibetanos perdidos en la meditación y de monjas Franciscanas durante el rezo profundo para lograr identificar cuál es el circuito espiritual cerebral y para explicar como los rituales religiosos tienen el poder de movilizar a los creyentes y no creyentes por igual.


Fuera del tiempo y espacio

Lo que todas las nuevas investigaciones comparten es una pasión por descubrir las bases neurológicas de las experiencias místicas y espirituales.

En la neuroteología, los neurólogos y psicólogos intentan descubrir que regiones se activan y desactivan durante la experiencia que parece existir fuera del espacio y tiempo. De esta forma se diferencia de las investigaciones rudimentarias que se realizaron durante la década del cincuenta y sesenta que determinaron que las ondas cerebrales cambiaban cuando uno meditaba. Pero esas investigaciones no decían nada acerca de porque cambiaban las ondas cerebrales o que regiones específicas del cerebro eran las responsables de ese cambio. Por otro lado, las investigaciones recientes se basan en tratar de identificar los circuitos cerebrales que tienen mayor actividad durante la experiencia.
Estudiando el flujo de sangre que se correlaciona con la actividad neuronal mediante un SPECT (tomografía computada de emisión de un único fotón), Newberg estudió al Dr. Michael Baime durante sus experiencias místicas.

Como se esperaba, la corteza prefrontal se iluminó. Pero fue el cese de actividad lo que sorprendió. Un grupo de neuronas en el lóbulo parietal superior se apagó. Esta región, que tiene el nombre de “área de asociación y orientación”, procesa la información acerca del tiempo y espacio. Determina donde el cuerpo termina y el resto del mundo comienza. Específicamente, el área de orientación izquierda crea la sensación del espacio físico donde existe el cuerpo.

El yo y el resto

El área de orientación requiere información sensorial para realizar sus cálculos. “Si se bloquea la información sensorial a esta región, como se hace durante la intensa concentración al meditar, uno evita que el cerebro produzca la distinción entre el yo y el resto”, dice Newberg. Sin la información de los sentidos, el área de la orientación izquierda no encuentra la frontera entre el yo y el resto del mundo. Como resultado, el cerebro parece no tener opción y “percibe al yo como interminable e íntimamente interconectado con todo,”escriben Newberg y d’Aquili en su libro. El área de orientación derecha, también privada de información sensorial parece permanecer en una sensación de espacio infinito. Los meditadores sienten que han tocado al infinito.


La experiencia espiritual

No es sorprendente que la experiencia religiosa se refleje en la actividad cerebral. Todo lo que experimentamos deja su marca en el cerebro. Lo difícil es que “no hay manera de determinar si los cambios neurológicos asociados con la experiencia espiritual significan que el cerebro está causando esas experiencias.... o si en vez esta percibiendo una realidad espiritual”.


Produciendo visiones

Cuando la imagen de una cruz, por ejemplo, dispara una sensación de admiración religiosa, se debe a que el área cerebral de asociación visual, que interpreta lo que ven los ojos y conecta las imágenes con las emociones y memorias, ha aprendido a vincular esas imágenes con esos sentimientos. Las visiones que surgen durante el rezo o ritual también son generadas en el área de asociación: la estimulación eléctrica del lóbulo temporal produce visiones.
La epilepsia del lóbulo temporal lleva esto a un extremo. Aunque algunos estudios han negado una conexión entre la epilepsia del lóbulo temporal con la religiosidad, otros creen que la condición parece llevar a voces y visiones religiosas.

Aunque la epilepsia del lóbulo temporal es rara, los investigadores sospechan que los estallidos de actividad eléctrica localizados llamados pueden llevar a experiencias místicas. Para probar esta idea, Michael Persinger sostiene un casco lleno de electroimanes sobre la cabeza de un voluntario. El casco crea un campo magnético débil, no mayor al producido por un monitor de computadora. Persinger descubre que el campo dispara estallidos de actividad eléctrica en los lóbulos temporales produciendo sensaciones que los voluntarios describen como supernaturales o espirituales: una sensación de lo divino. Él sospecha que las experiencias religiosas son producidas por mini tormentas eléctricas en los lóbulos temporales, y que tales tormentas pueden ser producidas por la ansiedad, crisis personales, falta de oxígeno, baja glucosa en sangre o simple fatiga. Pero, porqué los lóbulos temporales? Persinger especula que el lóbulo temporal izquierdo mantiene nuestro sentido de lo propio. Cuando la región es estimulada pero la derecha no, la izquierda lo interpreta como la sensación de presencia, como al yo dejando el cuerpo, o como Dios.
“Existe una correlación entre la gente cuyos pensamientos inconscientes tienden a pasar a la conciencia y las experiencias espirituales”, dice Michael Thalbourne de la Universidad de Adelaide. Desafortunadamente, los científicos no saben que es lo que permite que los pensamientos inconscientes aparezcan en la conciencia de algunas personas y no otras. El único predictor de tales experiencias, sin embargo, es algo llamado “disociación”. En este estado, diferentes regiones cerebrales se disocian de otras. “Esta teoría, que explica a la hipnosis tan bien, podría también explicar a los estados místicos,”dice Michael Shermer, director de Skeptics Society. “Algo parece estar sucediendo en el cerebro, donde un módulo se disocia del resto de la corteza.”


La base neuronal de la experiencia religiosa

Esa disociación puede reflejar la actividad eléctrico inusual en algunas regiones cerebrales. En 1997, el neurólogo Vilayanur Ramachandran le dijo a los participantes de la reunión anual de la Sociedad de Neurociencias que existe “una base neuronal para la experiencia religiosa.” Sus resultados preliminares sugirieron que la profundidad del sentimiento religioso, o religiosidad, podría depender de la remarcada actividad eléctrica natural en los lóbulos temporales. Interesantemente, esta región cerebral parece importante para la percepción del lenguaje. Una experiencia común a muchos estados espirituales es escuchar la voz de Dios. Parece surgir cuando malinterpretamos el lenguaje interno con algo externo. Durante tales experiencias, el área de Broca del cerebro (responsable de la producción del habla) se enciende. La mayoría de nosotros podemos reconocer que es nuestra propia voz, pero cuando la información sensorial esta restringida, como ocurre durante la meditación, la gente es “más propensa a atribuir los pensamientos generados internamente a una fuente externa,”dice el psicólogo Richard Bentall de la Universidad de Manchester, Inglaterra.

Hasta la gente que se auto describe como no espiritual puede ser movida por ceremonias religiosas. De ahí el poder del ritual. La clave es la combinación entre la atención localizada, que excluye otros estímulos sensoriales, junto con la sensación emocional magnificada. Juntas, parecen aumentar la actividad del sistema de excitación del cerebro. Cuando esto sucede, explica Newberg, una de las estructuras cerebrales responsable de mantener el equilibrio, el hipocampo, pisa el freno. Esto inhibe el flujo de señales entre neuronas.


Suavizando las fronteras del yo

El resultado es que ciertas regiones del cerebro son privadas de la información neuronal. Una de esas regiones parece ser el área de la orientación, la misma región que es silente durante la meditación. Como en esos estados, sin la información sensorial el área de orientación no puede cumplir su función de mantener un sentido de donde termina lo propio y empieza el mundo exterior. Por eso los rituales pueden desencadenar lo que Newberg llama “suavización de las fronteras del yo”.
Es posible que los científicos nunca resuelvan la pregunta más importante de todas: si nuestros circuitos cerebrales crearon a Dios o si Dios creó nuestros circuitos cerebrales. Cualquiera que uno crea es, finalmente, una cuestión de fe.

jueves, 15 de abril de 2010

UN MITO...DOS EPOPEYAS...

DEL BHAGAVAD GITA
a LA GUERRA DE LAS ESTRELLAS


UN MITO, DOS EPOPEYAS

Veinte años después de su primera aparición, una copia renovada y mejorada de la célebre Guerra de las Estrellas volvía a llenar las salas de los cines del mundo entero. Numerosos detalles del film nos remiten a una narración de la antigua India: el Bhagavad Gita. Más allá de las formas y de los contextos tan diferentes, podemos encontrar estructuras comunes, arquetipos poderosos de los principios inherentes a la naturaleza humana, que no pertenecen a ninguna civilización en particular.


DOS CLANES DE UNA MISMA FAMILIA SE ENFRENTAN

“No combatiré contra mi padre…”. Esta frase resuena en los libros de Luke Skywalker, el héroe de la Guerra de las Estrellas, después de haber descubierto que Darth Vader, general de las fuerzas enemigas de la República, no es sino su propio padre. El combate de Luke contra las fuerzas oscuras lo llevó a un campo de batalla que extrañamente se asemejaba al Kurushetra, el campo de batalla del Bhagavad Gita: en el primer capítulo de ese poema, dos clanes de una misma familia están dispuestos a enfrentarse, Kuravas y Pandavas. El meollo de la batalla es la ciudad-reino de Hastinapura, entonces gobernada por los Kuravas. Los Pandavas, cuyas fuerzas son lideradas por Arjuna, luchan por el retorno de la justicia de Hastinapura. Cuanto este último se da cuenta de que delante de él se encuentran sus hermanos, tíos y padres, suelta el arco y se niega a combatir.

Tenemos entonces, dos situaciones paralelas y una misma pregunta a la cual será dada la misma respuesta. En el Bhagavad Gita, Krishna explica a Arjuna que ese combate corresponde a su drama. En la Guerra de las Estrellas, Skywalker debe enfrentarse a su padre para convertirse en un caballero Jedi y se oirá decir: “Es tu destino”, como si no tuviese otra vía que la del combate contra la amenaza que pesa sobre la Galaxia. En el caso de Arjuna como en el de Luke, el enfrentamiento con la familia sucede apenas al final de una gran peripecia, después de uno y otro haber recibido las enseñanzas de un maestro y de haber comprendido y aceptado el sentido de su misión.

Por otro lado, esas dos situaciones pueden una y otra ser comprendidas como la metáfora del combate que cada cual decide o no llevar a cabo en el interior de si mismo. El arquetipo del combate interior no tiene edad ni religión. Hace relación a la conciencia y por eso es tan fascinante: consciente o inconsciente, si asumimos ese combate en nosotros mismos, avanzamos en dirección a nuestros objetivos y a nuestra realización, la corriente de las batallas en la vida cotidiana, de las elecciones que hacemos y de las preguntas que nos colocamos.
Tal vez por esta razón el combate de Luke contra su padre “habla” a todos esos públicos, esas culturas y esas generaciones diferentes: es el símbolo de una realización, de aquello a que cada uno de nosotros aspira por su naturaleza humana. Nos hace vibrar en el transcurso de una película, porque despierta en nosotros una profunda aspiración: ir al límite de nosotros mismos y de nuestro destino.


















































Maestro Jedi Yoda y Luke