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jueves, 1 de julio de 2010

LA LEY DE BABEL


Escribe: THIERRY PINVIDIC

(Tomado de “UFO PRESS”, número 20, Argentina, junio de 1984)



La aparición del libro “¿Y si los OVNIs no existieran?” causó un inusitado revuelo entre los ovnílogos europeos. Su autor, el francés Michel Monnerie, usa como método a la contra-encuesta de casos dudosos, logrando explicarlos racionalmente. Esto conduce a Monnerie a postular la hipótesis psico-sociológica y, por extensión, la aplica a todo el fenómeno de los Objetos Voladores No Identificados.

Los ufólogos defensores de la “hipótesis extraterrestre” no vacilaron en criticar severamente a Monnerie, pero éste ya había logrado ganar adeptos: los llamados “nuevos ovnílogos”. Se inició así una turbulenta polémica, a veces rayana en la logomaquia. La dicusión del tema fue ganando columnas preferenciales (a favor y en contra) en casi todas las publicaciones especializadas de habla gala. Acaso el más esclarecedor de esos artículos ha sido el que seleccionamos para su publicación. Lo escribió Thierry Pinvidic, un joven investigador que ha merecido elogiosos comentarios por su libro “El nudo gordiano o la fantástica historia de los OVNIs”. Como se sabe, un nudo gordiano es aquél imposible de desatar, y Pinvidic, en esta nota, nos enseña por qué.


En la Ovnilogía se asiste desde hace algún tiempo a una verdadera competición de modelos explicativos.

Allí va cada uno con su hipótesis, argumentándola y buscando ser el mejor, pero... ¡deténganse!. ¡No corran más!. ¡De todos modos aquí no habrá un vencedor!.

El OVNI, como el Dios de Babel, creó la confusión entre los hombres. De ello se deduce que las discusiones, aunque estuvieran en regla, no sirven de nada.

Ninguna persona llegará a convencer a otra, pues no hablamos el mismo lenguaje. No es mi intención dictar aquí el primer curso de “Ovnilogía práctica”, pero sí deseo atraer la atención del lector y el investigador sobre los peligros de la nueva moda ovnilógica, que es la modelización.

Si esto les causa placer, señores Monnerie, Viéroudy, Méheust, Scornaux, etc. (que los otros me perdonen) todos ustedes tienen razón... en parte.

Ustedes han jugado con las piezas de un rompecabezas, con más o menos suerte, pero no las han ubicado a todas. Y a la hora actual, nadie puede hacerlo. Sin embargo, los fragmentos armados se complementan. Sus “modelos” no son complementarios, pero las ideas sí lo son.


¿Ustedes han dicho “OVNI”?

Primera pregunta: ¿Existe un problema?. Respuesta: Sí. ¿Por qué?. Por la simple y buena razón —como lo dijo el señor Esterlé en una nota a los grupos privados— de que no podemos responder a todas las preguntas relativas a los OVNIs. Sea. Pero... ¿Cómo se plantea el problema?. Respuesta: una verdadera trampa. ¡El propio Julio César perdería su latín! .

Por el momento, hablamos del OVNI a través de una estructura de creencia (Vallée). Nos dedicamos al estudio de su propulsión por creer que se trata de aparatos. Otros intentan la provocación del fenómeno, creyendo que él es la manifestación de un plasma Psi, del inconsciente colectivo o de Tartempión... Y de elaborar hipótesis, de discurrir a lo largo de páginas y páginas sobre las ventajas o perfomances de tal o cual modelo, ya van 33 años que esto dura (N. De la R.: recuérdese que esto fue escrito en 1980. Si pusiéramos “ya van 56, etc...” no cambiaríamos para nada el sentido del autor)... Treinta y tres años de peleas de barrio y debates intelectuales. Dan ganas de girar la página y enterrar a la Ovnilogía de una vez. O pensar de otro modo; he ahí lo necesario.

Hallar un segundo respiro, provisoriamente dejar los argumentos, el saber y los métodos en el guardarropas.



¿Cómo abordar el problema?

Constatemos modestamente que “alguna cosa” nos envía la información. Luego, ¿qué es esta “alguna cosa”?. Con toda honestidad, de eso no sabemos nada... aunque sí tenemos buenas razones para pensar que... Pero con calma, cada cosa en su tiempo. Esta “alguna cosa” ¿es física o sociopsicológica?. Respuesta: las dos... En efecto:


Existen fuertes presunciones de una componente física:

- reacción de los animales (Heaton), obviamente no atormentables por los arquetipos.
- Respeto de las leyes de la óptica (Poher).
- Correlación con perturbaciones geomagnéticas (Poher).
- Cortes de luz, interferencias radioeléctricas, efectos térmicos, manifestaciones electromagnéticas, rayos truncados, etc. (Mc Campbell).
- Huellas en el suelo y otros efectos secundarios tangibles.
- Ecos de radar no coherentes, propios de blancos con gran maniobrabilidad (David Atlas).


Se trata de una manifestación específica:

- Ninguna correlación con eventos astronómicos conocidos (Poher).
- Ningún radiante astronómico particular (Poher).
- El 50 % de los informes recopilados por Poher son muy extraños.
- Fenómeno que afecta al mundo entero (Hynek) constituido por la repetición de observaciones insólitas acompañadas de efectos secundarios.
- Distribución inversamente proporcional a la densidad de población, al contrario de los fenómenos de rumor (Vallée).
- Fenómenos de oleadas (Vallée, Skinner) ostentoso (Méheust).
- Tipo de comportamiento casi invariante, o patrones (Vallée y los semánticos)
- Fenómeno que se camoufla (Vallée), elusivo (Méheust).
- Un fenómeno que nos engaña (Giraurd, Jaillat), donde la ortotenia, la triangulación, las fallas geológicas y el resto, es decir las “leyes circunstanciales” son debidas a vicios de metodología y a una mentalidad antropocéntrica mal adaptada a este estudio. De allí surge igualmente la ley de Guerin – Giraurd.


Este fenómeno es a la vez físico y sociológico. En efecto, también una fuerte componente sociopsicológica entre en la línea de cuenta, lo cual constituye una perturbación y un serio obstáculo al análisis:

- El clima es favorable. Psicosis de invasión en la época de la conquista espacial (Sagan, Hartmann).
- Se trata de un elemento de alta significación emocional (Sagan). La gente adopta una actitud concreta de creencia o rechazo, afectando al análisis (May).
- Inusitada emotividad y pasión por el debate (Price, Williams).
- El tema replantea las grandes preguntas de la existencia (Grinspoon, Persky).
- La esquiva actitud de los gobiernos mantiene a la psicosis (Mc Donald).
- Los medios que participan en los procesos de condicionamiento se encargan de mantener el interés por el tema (Sullivan).
- El fenómeno sufre una interferencia cultural alimentada por los viejos mitos, creándose un ruido de fondo indivisible de la señal (May).
- Temor atávico frente a lo desconocido.


El tema acarrea, igualmente, numerosos problemas:

- Los especialistas no denuncian los fraudes (Hartman).
- Se puede precisar qué no son los OVNIs, pero no qué sí son ellos (Roach).
- El testimonio humano aporta muchos problemas, lo mismo que el idioma (Menzel), Morrison).
- No existe un “perfil OVNI” propiamente dicho (Menzel).
- No disponemos de alguna prueba tangible, analizable, películas indiscutibles, espectros, etc. (Baker).
- Ignoramos la influencia del encuestador (Hall).
- El problema no está delimitado (Esterlé).
- Es problemática la esencia misma del tema: nosotros no nos interesamos por una manifestación específica perfectamente definida, sino al contrario, nos interesamos por todo aquello que, por su carácter de extraño, parece destacarse de todas las manifestaciones específicas que conocemos. En suma: no sabemos en qué dominio estamos metiendo los pies...

De la lectura que precede surge claramente que existen evidencias físicas incontestables (a nivel global y no individual, pues el fenómeno es elusivo). Entonces McCampbell tiene razón. Pero también existen los fenómenos “paranoides”, orillando a la Parapsicología (según Vallée, ovnílogos y parapsicólogos trabajan en regiones vecinas de un mismo espectro) y Viéroudy tiene, pues, razón en sus constataciones. Estos problemas acarreados por el estudio dan la razón a Monnerie. Esto se vuelve aburrido, por lo menos... Entonces, ¿es necesario tirar todo y dedicarse a la pintura o a coleccionar estampillas?. ¿Estamos realmente en una gran letrina?, como diría Le Prince - Ringuet. ¡Nones!. Todas las constataciones son buenas, pero las explicaciones no son válidas (con raras excepciones).

El drama de la Ovnilogía clásica es el espíritu de sistema. Es decir, la tendencia a integrar todo en un modelo tan elástico como sea necesario, a fin de que todo quepa. Emerson decía que el espíritu de sistema odia la verdad. Este espíritu de sistema genera las doctrinas y no las teorías o las hipótesis científicas. Así, el psicoanálisis es un sistema, es estudiado para poder rendir cuenta de todo (de los OVNIs también, no lo dude).

La biología de Mitchourine se tambalea, pues debía acres compatible con el materialismo dialéctico y someterse al filtro del análisis marxista. Esto le hizo decir a Jean Rostand, malicioso como se sabe que, para progresar, la ciencia debía ser “capitalista”. Ello también vale para la ciencia nacional-socialista de Horbbigger, afianzada en los cánones del nazismo, cuyos fundamentos ideológicos se remontan, sin duda, a los Iluminados de Baviera. La hipótesis extraterrestre, por ejemplo (la tomé al azar, se lo juro) es parecida. Se le atribuye lo que uno quiere, se le da lo que uno quiere. A vuestro buen corazón, damas y caballeros...

He aquí lo peor: nuestros métodos de pensar, nuestros razonamientos, nos encierran en estos sistemas, pues son aristotélicos, antropocéntricos. Y, con ellos, debemos interesarnos por una fenomenología que en sus manifestaciones se asemeja al Gato de Chesire de Lewis Carroll, como ya fue dicho a justo título, o al teatro de Brecht. En el presente no tenemos más armas para emprender el estudio. Pero (hay algo positivo) un poco en broma hemos pulido el trabajo durante treinta años, y esto prácticamente sin advertirlo debido a que siempre tuvo lugar la guerra de las hipótesis y modelos.


El fondo del problema

¿Cómo proceder de aquí en más?. Descortezar la fenomenología OVNI. Es decir, hacer radicalmente lo contrario de lo que hicimos en los últimos tiempos. Se aprecia entonces que tenemos una cuenta pendiente con las manifestaciones que revelan un origen cognitivo y proyectivo. Además, está la particular significación emocional del fenómeno, estudiada por los psicólogos, y las manifestaciones de OVNIs se distinguen por ser absurdas, lo cual es el mejor camouflage que les permite escapar a la atención de la élite intelectual, dentro de una cultura fundamentada en la ciencia y la razón (Vallée). Se distingue también por su puesta en fase con los orígenes antropológicos del mito y la trama cultural (ciencia ficción, entre otros, Méheust). Así el “patrón ufológico”) evoluciona (Jung) y se adapta (Bernard) para superar, siempre, nuestro razonamiento. La fenomenología OVNI se parece a un programa de refuerzo (Skinner) todo hecho como si el OVNI deseara influenciarnos (Vallée).

En fin, aunque sería muy fastidioso demostrarlo aquí (para hacerlo sería menester un libro) el análisis semántico de Vallée y el descortezamiento de las evidencias físicas realizado por Mc Campbell, o incluso las interpretaciones que de ello resulten, son conciliables. El uno encuentra en el otro su explicación y su justificación . Las manifestaciones electromagnéticas asociadas a los OVNIs tienen algo que ver con su influencia sobre el sistema nervioso central.

Toda la fenomenología OVNI revela intención de influenciar a la Humanidad, a la conciencia humana. Es significativo que Kuiper y Morris hayan arribado simultáneamente a esta conclusión...

Todo se relaciona. Contra este lazo semántico (semántica que está tomada en el sentido etimológico del estudio de los sentidos o los signos) al unirse los diversos aspectos analizados de la fenomenología OVNI, aun los mejores alegatos de un Michel Monnerie nada pueden hacer. ¡Esto es coherencia, intelectuales!. Incluso es deslumbrante, y por ello, como decía Tchékov, no lo vemos. Pero no es necesario poner el arado delante de los bueyes. No es necesario mo-de-li- zar. Al menos, no por ahora, pues al hacerlo surgen las disputas.

Entre el estudio semántico y la modelización existe la misma diferencia que entre la semiología médica y el diagnóstico. ¿Solamente existe un ovnílogo - médico? (o a la inversa, si usted lo prefiere). ¿A alguien se le ha ocurrido esta idea?.

La modelización sin soportes analíticos, sin hipótesis comprobables científicamente, está extraída de un terreno resbaladizo, que es la retórica. No es entonces preciso jugarse por entero defendiendo una hipótesis (el espíritu de sistema, recordará usted...). El diálogo ovnilógico de estos últimos meses es comparable a los discursos sin fin acerca del sexo de los ángeles. Hace mal admitirlo, ¿no?. Y entonces...

Por el momento, sólo podemos coser entre sí algunos retazos de veracidad, siguiendo la expresión de Rostand. Eso es todo.

Si usted quiere modelizar, en fin, hágalo. ¡Pero al menos tenga en cuenta todo lo aprendido!. Y no llore si cualquier día aparecen otros modelos, con tantas perfomances y problemáticas como el vuestro. ¿Dijo usted los extraterrestres?. ¿El plasma Psi?. ¿Los arquetipos de un hipotético inconsciente colectivo?. Todo esto no es inútil, pero se está lejos de la partición exhaustiva...

Actualmente, un físico de Orsay se dedica al estudio experimental de la paradoja de Einstein - Podolvski - Rosen. ¿Y si la experiencia confirmara la hipótesis de la no universalidad de la causalidad y la existencia de fenómenos acausales defendida por Oliver Costa de Beauregard?. ¿Y si el modelo fractal del universo se verificara?. ¿Y si existieran catástrofes topológicas en este universo?. ¿Y los agujeros negros?. A priori puede invocarse todo: efectos a-causales, productos de una industria extraterrestre, plasma Psi, campo de ruptura (para darle el gusto a René Louis Vallée), “egrégoros”, nube negra de Hoyle y, ya que estamos, ¿por qué no Dios? (pero créanme que es por interés en la objetividad). Pasados treinta años de pulimentos, tropezamos siempre con el interrogante inicial. Su investigación demandará quizás un siglo, puede ser más, o puede ser mucho menos si nos proponemos ser los artífices. Pero hacerlo será duro. Ha llegado el fin de las élites ufológicas. Es posible imaginar las experiencias que nos permitirán decidir. Algunas de ellas ya pueden idearse.

Al presentar su modelo de universo nebular, el marqués de Laplace fue reciamente reprendido por la Academia:

—Pero, señor Laplace, ¿y Dios?.

Entonces Laplace, sublime, le contesta:

—¡Yo no tengo necesidad de esa hipótesis!.

Podemos descontar, nosotros también, que pronto no tendremos más necesidad de ciertas hipótesis. Para lograrlo, está nuestra labor, como dijo Garreau hace algún tiempo. No hay ninguna duda de que, en primer lugar, se necesita un particular interés por estos datos extraños. Pero la Ovnilogía es, sobre todo, un asunto de mentalidad. Ella puede transformarse, incluso, en una gran aventura humana.